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Portada del libro  
   A todos mis maestros de Astorga (a los que más debo); y de Salamanca, especialmente al doctor López-Ibor Aliño (catedrático de Psicología y Psiquiatría), y al de Lingüística Románica, don José Luis Pensado Tomé.

   A "Tito" (que impacientemente me requería todas las noches para que le leyera las páginas nuevas que había escrito), a Manuel, a Alba; y a mis alumnos, por supuesto.

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